La piel y el verano, mala combinación

Al igual que el pelo, la piel es otra de las víctimas que sufre las agresiones del verano.

A las pocas semanas del regreso de las vacaciones, la piel presenta un aspecto deslucido, envejecido y opaco. Además de los factores externos los daños también se generan por la utilización inadecuada de fotoprotectores y por la falta de uso de cremas post-solares.

La piel de las zonas más expuestas del cuerpo, como el rostro, el cuello y el escote, es la más propensa y vulnerable a sufrir alteraciones.

Entre las lesiones más frecuentes se encuentran la sequedad extrema, la inflamación y las rojeces exageradas. Sin embargo lo más grave es la aparición de la queratosis actínica.

Pero atención, los efectos que provoca el sol durante el verano no solo producen consecuencias inmediatas, también repercuten de manera negativa en el futuro. Por eso hay que contrarrestar el fotoenvejecimiento, que es un trastorno que comienza por acumulación de exposición a la radiación UVA y que degenera las fibras elásticas de la piel, proceso irreversible y que ocasiona lesiones que preceden a los tumores, los lunares y las arrugas.

Por suerte hay elementos que lo minimizan, como los antioxidantes y las vitaminas A y E.

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