Cuando el estrés nos hace engordar

Es una trampa de la que no se sale fácil: la tensión, las situaciones angustiantes, la falta de paz interior y exterior hacen que nuestra dieta se desordene, que comamos algo rápido que tiene muchas calorías o pocos nutrientes, que asaltemos el refrigerador buscando sentirnos menos heridas o angustiadas.

La satisfacción instantánea de la comida alivia el dolor emocional; si los alimentos elegidos son dulces y grasos, liberan serotoninas, hormonas de la felicidad. Una de las grandes excusas para no comenzar una dieta es que estamos demasiado ocupadas, estresadas o nerviosas como para agregar una preocupación más.

Un gran porcentaje de los problemas de sobrepeso son causados por el estrés. No sólo porque los estados de nerviosismo y ansiedad nos llevan a comer de más alimentos adictivos y sin discriminar, sino además porque las situaciones de estrés impiden comer lentamente y disfrutar de los alimentos. Por otro lado un organismo víctima de estrés crónico segrega hormonas que actúan como corticoides y hacen retener líquidos, además de que el estómago segrega más ácidos y la digestión no es eficaz.

Los estímulos violentos o crónicamente negativos producen un desorden en la naturaleza del organismo. El estrés es uno de esos estímulos, por desgracia, cada vez más frecuente. Es la forma en que se responde ante él lo que puede ocasionar enfermedades.

Para describir el mecanismo del estrés se puede describir primero el mecanismo en los animales: un animal recibe una señal de alarma, su organismo se pone en alerta, acelera el ritmo cardíaco, tensa la musculatura y mejora la irrigación del cerebro. Luego, superada la emergencia, el animal vuelve a la normalidad. Aquí el estrés es un mecanismo positivo y necesario.

En el caso de los humanos, si bien la señal de alarma funciona igual que en los animales, el problema es que los hombres viven en permanente estado de emergencia, es decir, que lo hombres cronifican el estrés y con frecuencia no son capaces de volver a la normalidad, lo que a la larga lleva al colapso.

Además de preocuparnos por adquirir hábitos alimentarios saludables, es muy importante cuidarnos integralmente. Somos los únicos responsables reales de nuestra salud. Para producir realmente un cambio de vida, es fundamental valorar y dar espacio a la sensibilidad, respetar sus necesidades de descanso, a equilibrar tu tiempo entre la familia, el trabajo y la recreación, expresar tus emociones y dar cabida a diversas vivencias de relajación, más allá de la práctica de consultorio.

El desafío es generar cambio de valores para recuperar el placer de vivir, ya que si nos interesa estar mejor, lo verdaderamente urgente es aprender a llevar una vida más relajada aunque el mundo esté lleno de tensiones.

Dulces y grasos para despertar a la hormona de la felicidad? Felices pero gordas? Hablemos de ello aquí

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